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Tarro de miel, pozo de brea, lo que sea

CUANDO GATES Y ALLEN INVENTARON la idea de vender software, se encontraron con la crítica tanto de los hackers como de los sobrios hombres de negocios. Los hackers entendían que el software sólo era información, y le ponían objeciones a la idea de venderla. Estas objeciones eran en parte morales. Los hackers salían del mundo científico y académico, donde resulta imperativo hacer que los resultados del propio trabajo queden disponibles para el público. También eran en parte objeciones prácticas: ¿cómo puedes vender algo que puede copiarse fácilmente? Los hombres de negocios, que son el polo opuesto de los hackers en tantos aspectos, tenían sus propias objeciones. Acostumbrados a vender tostadoras y seguros, era natural que les resultara difícil comprender cómo una larga sarta de unos y ceros podía constituir un producto vendible.

Obviamente, Microsoft remontó estas objeciones, así como Apple. Pero las objeciones siguen ahí. El hacker más hacker de todos, el Ur-hacker por así decirlo, era y es Richard Stallman, quien se irritó tanto con la malvada práctica de vender software que, en 1984 (el mismo año en que salió a la venta el Macintosh), fue y fundó la Fundación del Software Libre (Free Software Foundation), que comenzó a trabajar en algo llamando GNU. GNU son las siglas de Gnu's Not Unix («Gnu No es Unix»), pero se trata de una broma en más de un sentido, porque GNU ciertamente es Unix. Debido a cuestiones de copyright (Unix es una marca registrada de AT&T), sencillamente no podían afirmar que fuera Unix, y así, sólo para asegurarse, afirmaban que no lo era. Pese al incomparable talento y empuje del señor Stallman y otros seguidores de GNU, su proyecto no pudo construir un Unix libre para competir contra los sistemas operativos de Windows y Apple: era un poco como tratar de excavar un sistema de metro con una cucharilla. Esto es, hasta la llegada de Linux.1

Pero la idea básica de recrear un sistema operativo a partir de la nada era perfectamente consistente y completamente factible. Se ha hecho muchas veces. Es inherente a la naturaleza misma de los sistemas operativos.

Los sistemas operativos no son estrictamente necesarios. No hay razón por la que un escritor de código lo bastante dedicado no pueda partir de la nada en cada proyecto y escribir nuevo código para manejar operaciones tan básicas y de bajo nivel como controlar las cabezas lectoras/escritoras en los controladores de disco y activar píxeles en pantalla. Los primeros ordenadores tenían que programarse de este modo. Pero, dado que casi todos los programas tienen que desempeñar las mismas operaciones básicas, este enfoque llevaría a una tremenda duplicación del esfuerzo.

No hay nada más desagradable para el hacker que la duplicación del esfuerzo. El primer y más importante hábito mental que desarrolla la gente cuando aprende a escribir programas de ordenador es generalizar, generalizar, generalizar. Hacer su código lo más modular y flexible posible, descomponer los problemas grandes en pequeñas subrutinas que puedan usarse una y otra vez en diferentes contextos. En consecuencia, el desarrollo de los sistemas operativos, pese a ser técnicamente innecesario, era inevitable. Porque en el fondo un sistema operativo no es más que una biblioteca que contiene el código más usado, escrito una vez (y con suerte, bien escrito), y puesto a disposición de cualquier escritor de código que lo necesite.

Así que un sistema operativo propietario, cerrado y secreto es una contradicción en los términos. Va contra la razón de ser de los sistemas operativos. Y de cualquier modo es imposible mantenerlos en secreto. El código fuente --las líneas originales de texto escritas por los programadores-- pueden mantenerse en secreto. Pero el conjunto de un sistema operativo es una colección de pequeñas subrutinas que realizan tareas muy específicas y muy claramente definidas. Qué hacen exactamente esas subrutinas ha de ser público, de forma muy explícita y exacta, o de lo contrario el sistema operativo es completamente inservible para los programadores; no pueden usar esas subrutinas si no tienen perfecta y total comprensión de lo que hacen las subrutinas.

Lo único que no se hace público es exactamente cómo hacen las subrutinas lo que hacen. Pero una vez sabes lo que hace una subrutina, generalmente resulta bastante fácil (si eres un hacker) escribir tu propia rutina que haga exactamente lo mismo. Puedes tardar algo, y resulta tedioso y poco gratificante, pero en la mayoría de los casos no es demasiado difícil.

Lo que es difícil, para un hacker como para un escritor de ficción, no es escribir; es decidir qué escribir. Y los vendedores de sistemas operativos comerciales ya han decidido, y han hecho públicas sus decisiones.

Esto se sabe desde hace mucho. MS-DOS fue duplicado funcionalmente por un producto rival, escrito a partir de la nada, llamado ProDOS, que hacía las mismas cosas de modo muy parecido. En otras palabras, otra compañía pudo escribir código que hacía las mismas cosas que MS-DOS y lo vendió para obtener beneficios. Si usas el sistema operativo Linux, puedes obtener un programa libre llamando WINE que es un emulador de Windows; esto es, puedes abrir una ventana en tu escritorio que ejecute programas de Windows. Quiere decir que se ha recreado un sistema operativo Windows completamente funcional dentro de Unix, como un barquito en una botella. Y el propio Unix, que es un sistema operativo mucho más sofisticado que MS-DOS, ha sido reconstruido a partir de la nada una y otra vez. Sun, Hewlett-Packard, AT&T, Silicon Graphics, IBM y otros vendieron versiones de él.

En otras palabras, la gente lleva reescribiendo código básico de sistemas operativos tanto tiempo que toda la tecnología que constituía un sistema operativo en el sentido tradicional (pre-GUI) de esa expresión es ahora tan barata y común que es literalmente gratuita. No sólo no podrían Gates y Allen vender MS-DOS hoy, ni siquiera podrían regalarlo, porque ya se regalan sistemas operativos mucho más potentes. Incluso el Windows original (que era el único sistema de ventanas hasta 1995) ya no vale nada, dado que no tiene sentido poseer algo que puede emularse dentro de Linux, que es gratuito.2

De este modo, el negocio de los sistemas operativos es muy diferente de, pongamos, el negocio de la venta de coches. Incluso un viejo coche de segunda mano tiene algún valor. Puedes usarlo para ir al basurero, o vender sus partes. El destino de los bienes manufacturados es depreciarse lentamente a medida que envejecen y tienen que competir contra productos más modernos.

Pero el destino de los sistemas operativos es volverse gratuitos.

Microsoft es una gran compañía de aplicaciones de software. El de las aplicaciones --tales como Microsoft Word-- es un área en el que la innovación lleva beneficios reales, directos y tangibles a los usuarios. Las innovaciones pueden consistir en nueva tecnología recién salida del departamento de investigación, o pueden estar en la categoría de los lacitos decorativos, pero en cualquier caso a menudo resultan útiles y parecen contentar a los usuarios. Y Microsoft está convirtiéndose en una gran compañía de investigación. Esto no se debe necesariamente a que sus sistemas operativos sean todos tan malos desde el punto de vista puramente tecnológico. Los sistemas operativos de Microsoft tienen sus problemas, claro, pero son mucho mejores de lo que solían ser, y son adecuados para la mayor parte de la gente.

¿Por qué digo entonces que Microsoft no es es una compañía de sistemas operativos tan grandes? Porque la naturaleza misma de los sistemas operativos es tal que no tiene sentido que una compañía específica los desarrolle y posea. Para empezar, es un trabajo muy desagradecido. Las aplicaciones crean posibilidades para millones de usuarios crédulos, mientras que los sistemas operativos imponen limitaciones a millones de cascarrabias escritores de código, y así los hacedores de sistemas operativos siempre estarán en la lista negra de cualquiera que cuente en el mundo de la alta tecnología. Las aplicaciones las usan personas cuyo gran problema es comprender todas sus características, mientras que los sistemas operativos se ven hackeados por escritores de código irritados con sus limitaciones. El negocio de los sistemas operativos ha sido bueno para Microsoft sólo en la medida en que les ha proporcionado el dinero necesario para lanzar un negocio de software de aplicaciones realmente bueno y contratar a un montón de investigadores inteligentes. Ahora debiera estar en posición de desembarazarse de su sistema operativo, como los cohetes se libran en algún momento de los tanques vacíos de combustible. La gran pregunta es si Microsoft es capaz de hacerlo. ¿O es adicta a la venta de sistemas operativos del mismo modo que Apple lo es a la venta de hardware?

Hay que tener en cuenta que los observadores expertos citaban en un tiempo la capacidad de Apple de monopolizar su propia provisión de hardware como su gran ventaja frente a Microsoft. En aquella época, parecía situarles en una posición mucho más fuerte. Al final, casi les mató, y todavía puede matarlos. El problema para Apple era que la mayor parte de los usuarios de ordenador del mundo acaba comprando hardware más barato. Pero un hardware barato no podía ejecutar MacOS, y esa gente se pasó a Windows.

Sustituyan hardware por sistemas operativos, y Apple por Microsoft y verán cómo lo mismo está a punto de suceder de nuevo. Microsoft domina el mercado de sistemas operativos, lo cual les reporta ingresos y parece una gran idea de momento. Pero hay sistemas operativos mejores y más baratos, y están haciéndose cada vez más populares en partes del mundo que no están tan saturadas de ordenadores como los EE.UU. Dentro de diez años, puede que la mayoría de los usuarios de ordenador del mundo acabe por tener estos sistemas operativos más baratos. Pero estos sistemas operativos, de momento, no ejecutan ninguna aplicación de Windows, y así esta gente acabará usando otra cosa.

Por expresarlo de forma más directa: cada vez que alguien decide usar un sistema operativo que no es de Microsoft, la división de sistemas operativos de Microsoft obviamente pierde un cliente. Pero, tal como están las cosas, la división de aplicaciones de Microsoft también pierde un cliente. No es para tanto, dado que casi todo el mundo usa sistemas operativos de Microsoft. Pero en cuanto la cuota de mercado de Windows empiece a disminuir, las matemáticas van a ponerse bastante torvas para los de Redmond.

Podría replicarse a este argumento diciendo que Microsoft sencillamente podría recompilar sus aplicaciones para que pudieran ejecutarse en otros sistemas operativos. Pero esta estrategia va contra los instintos corporativos normales. El caso de Apple resulta de nuevo instructivo. Cuando las cosas empezaron a ponerse feas para Apple, debieron haber llevado su sistema operativo a un hardware barato. Pero no lo hicieron. Por el contrario, trataron de hacer que su brillante hardware diera lo más posible de sí, añadiendo nuevas posibilidades y expandiendo la línea de productos. Pero esto sólo tuvo el efecto de hacer su sistema operativo más dependiente de esas características especiales del hardware, lo cual al final resulta peor para ellos.

Igualmente, cuando la posición de Microsoft en el mundo de los sistemas operativos se vea amenazada, sus instintos corporativos les dirán que apilen más posibilidades en sus sistemas operativos, y luego reconfiguren sus aplicaciones de software para explotar esas posibilidades especiales. Pero esto sólo tendrá el efecto de hacer que sus aplicaciones dependan de un sistema operativo con una cuota de mercado decreciente, y al final será peor para ellos.

El mercado de los sistemas operativos es una trampa letal, un pozo de brea, una ciénaga. Sólo hay dos motivos para invertir en Apple y en Microsoft. 1) Cada una de estas compañías está en lo que llamaríamos una relación de codependencia con sus clientes. Los clientes quieren creer, y Apple y Microsoft saben cómo darles lo que quieren. 2) Cada compañía trabaja muy duro para añadir nuevas posibilidades a sus sistemas operativos, lo cual tiene el efecto de asegurar la lealtad de sus clientes, al menos durante un tiempo.

En consecuencia, la mayor parte del resto de este ensayo tratará sobre estos dos temas.


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2003-05-11